La corriente retrograda de E.E.U.U que podría llegar a Argentina

Internacional20/06/2026Periodismo AnimalPeriodismo Animal

El concepto de household voting —voto por hogar — propone que en cada familia vote únicamente el hombre, como cabeza del núcleo. Un hogar, un voto: el del marido. 

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Sus impulsores lo fundamentan en lo que llaman “patriarcado bíblico”, una lectura literal de ciertos pasajes del Nuevo Testamento que instruye a las esposas a someterse a sus maridos “como al Señor”.

El pastor Dale Partridge, de 40 años, fundó King’s Way con unas pocas personas en 2021; hoy tiene más de cien feligreses que llegan desde Phoenix, Minnesota, Las Vegas, Canadá y Alemania. Para él, la aprobación de la 19ª Enmienda en 1920 —que garantizó el voto femenino en EE.UU.— fue el inicio de la decadencia nacional.

Lo que antes era una provocación de nicho hoy circula con creciente naturalidad en los rincones ultraconservadores de internet conocidos como la manosfera. Y ya no se queda ahí. Pete Hegseth, Secretario de Defensa del gobierno Trump, compartió el año pasado un clip de pastores de su denominación ultraconservadora argumentando que las mujeres deberían ser excluidas del voto.

La podcaster conservadora Alex Clark dijo en su programa que “no le molestaría que solo votara el hombre de la casa”. La activista antiaborto Abby Johnson, oradora en la Convención Republicana de 2020, también respaldó la idea. “La adopción temprana de cualquier idea siempre parece extraña para las masas”, dijo Partridge al Times. “Pero unos años después, la masa está ahí.”

Para entender cómo este discurso gana adeptos, hay que entender su versión “suavizada”: el complementarianismo. Esta corriente, extendida en el evangelismo mainstream, sostiene que hombres y mujeres tienen roles distintos pero “igualmente valiosos”. En la práctica, muchos matrimonios complementaristas funcionan de forma bastante igualitaria; la diferencia teórica es que, en caso de desacuerdo, el marido tiene la última palabra.

La trampa está en que el complementarianismo es la puerta de entrada al patriarcado bíblico puro y promete ser su versión coherente. Corbin Clarke, pastor asistente de King’s Way, lo sintetiza sin eufemismos: “La política es por naturaleza como la guerra. Las mujeres no fueron hechas para la batalla. Fueron hechas para el amor. Para la belleza.”

La propuesta tiene un problema material que sus adherentes esquivan con elegancia: en la economía real, el salario de una sola persona raramente alcanza para sostener una familia. El modelo del hombre proveedor y la mujer en casa es, para la mayoría de los hogares, una fantasía de clase. No porque las mujeres no quieran estar en casa si así lo eligen, sino porque la estructura económica lo hace imposible para millones.

El patriarcado bíblico también tiene un problema de consistencia interna respecto de las mujeres solteras: ¿quién vota por ellas? En King’s Way tienen respuesta: padres, hermanos, tíos. Gay no. Divorciadas, tampoco. La “solución” revela el proyecto real: no se trata de reorganizar votos, sino de reorganizar mujeres.

Hace no tanto tiempo, hablar de tradwives en Argentina sonaba a fenómeno lejano, curiosidad del norte global. Hoy tienen cuentas en español, comunidades en WhatsApp, y debates en horario central. Las tendencias culturales llegan: tarde, pero llegan.

¿Podría el household voting hacer el mismo recorrido? La pregunta no es hipotética. El contexto local ofrece condiciones.

Dante Gebel, pastor evangélico que llena estadios en todo el mundo, avanza con su espacio Consolidación Argentina de cara a una eventual candidatura presidencial en 2027. Con 5,6 millones de seguidores en Facebook, 2,3 millones en Instagram y más de 3 millones de suscriptores en YouTube, Gebel es exactamente el tipo de figura que estas comunidades quieren ver en el poder: carismático, masivo, teológicamente orientado. Su candidatura aún no está confirmada, pero el aparato político que la rodea es real y federal.

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