El sistema educativo de la provincia de Salta enfrenta una catástrofe sin precedentes que amenaza con transformar de raíz su estructura social. Según los últimos datos oficiales del Relevamiento Anual del Ministerio de Capital Humano, las aulas de los niveles Inicial y Primario sufren un vaciamiento feroz, impulsado por un desplome vertical de la natalidad que ya encendió todas las alarmas en el sector público.
Entre 2024 y 2025, la provincia sufrió la pérdida dramática de 6.781 alumnos y la clausura fulminante de 113 secciones escolares. El impacto no solo se mide en bancos vacíos, sino en la desaparición física de establecimientos: en tan solo doce meses, se registró el cierre definitivo de 32 unidades educativas, desmantelando 25 jardines de infantes y 7 escuelas primarias. La peor parte de esta sangría se concentra en la educación pública y estatal, que absorbió el 97% del retroceso total con 6.580 estudiantes menos, dejando a decenas de docentes en la precariedad laboral.
La debacle territorial es absoluta y afecta a los 23 departamentos de Salta, sin excepciones. El departamento Capital lidera las pérdidas en términos netos al registrar 3.121 alumnos menos en un solo año. Sin embargo, la situación en el interior profundo es aún más alarmante por su impacto porcentual: el departamento de Iruya perdió a uno de cada diez estudiantes en apenas un ciclo lectivo (-10,2%), seguido de cerca por La Poma con una caída del 8,8% y Guachipas con un 7,4%.
La raíz de este apocalipsis es un colapso en los nacimientos que no muestra señales de freno. En apenas cuatro años, los registros oficiales de natalidad en Salta se desplomaron un 26,7%, pasando de 19.178 nacimientos en 2022 a solo 14.066 en 2025. Las estimaciones a mediano plazo delinean un panorama devastador: un informe de la organización Argentinos por la Educación advierte que, de mantenerse la tendencia, la matrícula escolar primaria en la provincia podría sufrir una reducción adicional del 27% para el año 2030, vaciando por completo el futuro de la región.