Salta: El cambio climático ya se "roba" 27 horas de sueño al año

Locales15/07/2026Periodismo AnimalPeriodismo Animal

Un informe global revela que la capital salteña es parte del mapa de ciudades afectadas por el aumento de las temperaturas nocturnas. El impacto en la salud y el rendimiento diario preocupa a los especialistas. El estudio internacional de la organización científica Climate Central confirma que el calentamiento global está alterando de manera directa el descanso de la población local, provocando una pérdida promedio de 27 horas de sueño anuales por habitante debido al calor nocturno.

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El termómetro que no baja
El fenómeno, que analiza el período comprendido entre 2020 y 2025, expone cómo las temperaturas mínimas de la madrugada ya no descienden lo suficiente para permitir que el cuerpo humano active sus mecanismos naturales de enfriamiento. Del total de horas de descanso perdidas en la capital provincial, tres de ellas se atribuyen de forma directa y exclusiva al cambio climático provocado por la emisión de gases de efecto invernadero.
Si bien Salta es la localidad menos afectada dentro del grupo de las seis ciudades argentinas incluidas en el reporte oficial —donde Buenos Aires lidera con 44 horas de pérdida—, los expertos advierten que la tendencia va en aumento. La proliferación de superficies de hormigón y la reducción de espacios verdes urbanos generan el efecto conocido como "isla de calor", potenciando el ambiente sofocante incluso bajo las estrellas.
Dormir mal: un peligro invisible para la salud
La falta de un sueño reparador no solo se traduce en ojeras o cansancio al día siguiente. El documento de Climate Central alerta sobre consecuencias severas a largo plazo. Las interrupciones crónicas del descanso nocturno debilitan el sistema inmunológico, disminuyen la productividad laboral y deterioran la salud mental, elevando los niveles de estrés y ansiedad.
La situación golpea con mayor dureza a los sectores más vulnerables de la sociedad, como los adultos mayores, niños pequeños y familias de menores ingresos que no tienen acceso continuo a sistemas de refrigeración eléctrica o aire acondicionado. Las noches frescas del norte parecen retirarse lentamente frente a una realidad climática que obliga a repensar la infraestructura urbana y las medidas de salud pública locales para proteger, nada menos, que el derecho a un buen descanso.

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